lunes, 28 de diciembre de 2015

Oda a Sadam







Oh! Saddam
tu que moriste Corán en mano
sin un ápice de arrepentimiento

Hussein guerrero
tu que reconstruiste el histórico Zigurat Etemenanki
El templo de la creación del cielo y de la tierra (torre de babel)

Marduk abra de buscarte
en tu noche más oscura
para conducirte a los brazos de Ala,
luego del rojo amanecer.

Todas las armas químicas
de destrucción masiva
que Hans Blix jamás encontró.

Tu que prendiste fuego el oro negro
en la guerra del golfo
antes que caiga en manos del enemigo

Toda la tiranía
toda la carnicería perpetrada
en nombre de dios
en nombre de la libertad,
de la democracia.

Sobre las cenizas de Alejandro Magno
veras reconstruir nuestro legado
Ninguna tormenta del desierto le destruirá
veras  Bagdad alzarse, como la ciudad rebelde

Larga vida al pueblo,
larga vida a la nación.
Abajo los invasores.
Dios es grande

¡Muerte a Estados Unidos!
¡Muerte a Israel!
¡Muerte al mago persa!

Soy testigo de que no hay más Dios que Alá
 y que Mahoma…

es su profeta.








lunes, 21 de diciembre de 2015

8 am esperando que habrá el chino para comprar más birra"





Cuando llegan a viejos,
los hombres se lamentan
por haber perdido el tiempo,
lamentan
 su cobardía,
por no haber perseguido sus sueños.
Reprochan entre puteadas por lo bajo
ante todos, su rencor.
En los bares los viejos sabios
nos advierten y nos previenen:
Ojo que todo esto es ficción,
Cuidado que la vida pasa por otra esquina.
Todo siempre fue decadencia
hasta la muerte,
Ellos no se dieron cuenta
o disfrazaron las señales con mentiras.
Una hermosa mujer
con un cuerpo escultural
y tetas de ensueño
lustra el caño con su cuerpo sudado,
mientras los viejos refunfuñan su mala suerte.
A esta hora una mujer divina sonriendo
está dando a luz
al sepulturero, que lanza su primer llanto al mundo
y en veinte años cavara mi tumba.
Mientras yo rio y espero
que el chino abra el supermercado,
que en la noche no haya desenchufado la heladera
y las birras están frías.
Es mejor tener una buena resaca
y una cirrosis a punto
que  haber desaprovechado la juventud
y tener que lamentar de viejo

todas las vidas no vividas.

lunes, 14 de diciembre de 2015

VOLVER A CASA




Fui con todas las ganas
a rendir el último examen de la facultad y recibirme
El entusiasmo me abandono a mitad de camino
antes de cruzar el portal
prendí un cigarrillo
y reflexione:
no estaba listo,
aun no sabía nada.
Tuve miedo y me fui
compre una birra en el supermercado
y me quede tonteando en la plaza
mirando las mujeres, los pajaritos.
Un vago que daba vueltas por ahí
se acercó a convidarme marihuana
y no acepte.
La campana de la iglesia dio las doce
jóvenes y no tan jóvenes iban y venían
por la plaza,
todos muy apurados
con caras preocupadas.
Un policía pasó varias veces
Fichándome de arriba abajo
y comprendí que era momento
de volver a casa
a afrontar el fracaso.
En el colectivo
vi una chica
que se parecía mucho
a la mujer que más ame,
morocha flaca, alta
portando unos ray bans rosados.
Me quede largo tiempo
mirándola desde el fondo el colectivo
mientras escuchaba hermética  por los auriculares
a pesar del ensordecedor sonido de la cuidad y el motor del mercedes benz
Recordé eso de “volveremos a vernos
solo sin reconocernos”
Un muchacho subió agitado y molesto
porque le habían robado el celular en la parada
me pidió hacer una llamada
para avisar a su casa.
El colectivo se fue vaciando
ella se fue acercando al fondo
y se sentó detrás mío.
Recordé  la canción que tanto cantámos frente al rio
esa que habla de la libertad,
de los fantasmas,
de que todo es inútil
recorde que la tocaba
que empieza con un la menor
y pasa luego a  un mi mayor
pero no venía a mi mente la letra, ni la melodía.
Te hubiera mandado un mensaje  para preguntarte,
 pero no soy de hacer esas cosas
y hace mucho que no te veo, ni te escribo.
Le pregunte a tu doble por la canción
se rio y me trato de loco
Le dije que me recordaba a alguien
muy importante en mi vida
y que corría con ventaja
porque aun ella no me había lastimado.
Hablamos lo que duro el viaje
antes de bajarme la bese
pero no fue como tus besos
no eran tus labios.
Me despedí con un:
ojala nos encontremos en el próximo viaje.
Si ella tiene tu suerte

no  volverá verme.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La edad de las pasiones







En la película
un joven estudiante
militante anarquista
va a reclamar a Sartre
el que se acueste con su novia
 Ella es mía - dice el joven
A lo que  Jean-Paul responde
Ella no le pertenece.
Por ahí la traición tiene que ver
más con la autoestima que con el amor
La fidelidad tiene que ver
con un sentido de pertenencia.
El máximo filosofo existencialista
intelectual comprometido,
escritor, novelista, dramaturgo, activista político,
biógrafo y crítico literario francés
- Rockstar, rodeado de anarquista, comunistas, zurdos,
vedettes, whisky y anfetaminas-
fervoroso proclamador de la libertad 
Bien lo sabía:
Las mujeres son de todos 
y de nadie,
El ser humano está condenado a ser libre,
Sartre entendió todo


lunes, 30 de noviembre de 2015

Nekro





Voy a ir al cementerio de chacharita,
espero encontrarme en los pasillos a boom boom kid
ir a visitar a Gardel
silbarle unas canciones
dejarle  unas flores.
Fumar un nevadito si no hay nadie cerca
correr unas vueltas al cementerio si estoy re loco
con mis running nike gastadas 
bajonear unas porciones en el imperio de la pizza.
tomar unas birras con la ñata pegada al vidrio
mirando  las chicas cruzar Av Lacroze
mientras la gente sale y entra furiosa
en la boca del subte,
hasta que caiga la noche
y  los fantasmas me encuentren.
Total la soledad es un ratito no más,
Ya cansado tomar un taxi
que me arrime hasta  Av Cabildo
y que el taxista escuche metallica y este pasado de merca
Aunque eso  nada tenga que ver con el Adiós
ni con la Muerte
pero me recuerde,
que siempre nos estamos yendo
y me haga llorar
pensando en tu sonrisa.




lunes, 23 de noviembre de 2015

El poema mas sincero que no te escribi


proveedor



No me interesaba retenerte
Me aburría besarte
no me imaginaba construyendo un futuro con vos
ni con nadie.
Te dije:
"todos los que ame me traicionaron,
no puedo confiar en nadie"
No me divertía escucharte
no tenia ganas de contarte mi historia.
Vos solo te quedabas frente a mi
hablando la mayor parte del tiempo
siempre prometiendo cosas
proyectando
hablando de tus sueños
tus deseos
Yo metía de vez en cuando algún:
mmm
o aja.
Miraba tus labios parlotear incesantemente
me distraía con tus gestos
Decías que te gustaba estar conmigo porque era atento a tus deseos y también un buen escuchador
Me gustaba sodomizarte de parada contra el espejo
aunque hubiera sido mejor estar solos.
Me aburría abrazarte
me cansaba tener que irte a buscar por la facultad, por tu trabajo.
me costaba mucho levantarme de la cama
me costaba reponerme de la resaca
me entristecía el atardecer
Estaba de mal humor la mayor parte del tiempo
todos mis amigos me habían abandonado.
Escribía muy poco
andaba siempre contracturado
me rajaron del laburo
fumaba mucho
tomaba mucho
me peleaba con la gente en los bares o en la calle
me echaban de la cancha
de los cafes.
De repente empezaste a protestar,
o llorabas la mayor parte del tiempo
o tenias reacciones violentas.
Amenazaste con suicidarte,
con dejarme
o mudarte y dejar atrás todo
tu familia, tus amigos.
preguntaste:
¿ alguna vez me quisiste ?
quede inmóvil
no supe que responder
te vi marchar en silencio
¿ que te iba a decir?
que te mentí,
que te engañe
te corrompí
te traicione
te abandone



17

lunes, 16 de noviembre de 2015

Aghatoshi (El tiempo en que fuimos felices y no nos dimos cuenta)










La primera vez que oí de Aghatoshi  Misha Brook San fue casi por casualidad. Ana me conto de sus bondades un día que enfurecí con el vecino del departamento, porque siempre me robaba el suplemento deportivo del clarín, de los domingos. Todas las noches que dormimos juntos antes de caer en el profundo sueño le pedía a Anita que  me cuente de la filosofía relajante de Aghatoshi San.
A Ana la conocí de pura suerte, como sucede con las mejores cosas de la vida, fue fruto de la casualidad. Cuando ella iba a trabajar tipo 15 hs yo salía a pasear el perro y nos cruzábamos. Un día le dije que capaz con natación y unas sesiones quiropraxis podía correguirse. Qué cosa? me dijo. Tu cuello respondí. Nos presentamos y me dijo que la desviación de su cuello se debía una vértebra malformada. Como en ese entonces y hasta ahora me dedicaba a hacer masajes le ofrecí mis servicios. Se la notaba muy contracturada.
Accedió y venia todos los días 14 30 antes de salir a su trabajo. Como me negaba a cobrarle ella  me traía un pastel que amasaba con sus propias manos,  a veces de manzana, algunas veces de ricota. Los pasteles se fueron acumulando y mi diámetro abdominal fue in crescendo. Vendía los pasteles a los clientes que venían a casa, los repartía en la clínica o los regalaba a los menos afortunados. Me gustaba masajear su cuello, sentir el crack crack al descontracturar sus músculos supraespinos, ver sus pezones puntiagudos a través de la camisa.
Haciendo un poco de anamnesis descubrí que trabajaba como traductora en una editorial. Las más de ocho horas sentada frente a la computadora era lo que causaba sus malestares. Le recomendé cambiar de trabajo o hacer natación. Dijo que tenía muchas ganas de cambiar pero ni las clases de mindfulness ni las clases de yoga que daba, alcanzaban para pagar el alquiler. Por eso se veía obligada a traducir. Ana era de descendencia polaca , sabía muy bien hablar el ruso y el alemán .Trabajaba transcribiendo al español la obra de Heidegger.
Ya que el trabajo era lo que la contracturaba decidimos cambiar el horario de nuestras sesiones de quiropraxia. Venía a mi casa después de las 23 cuando volvía del trabajo y le hacia los masajes. A veces llegaba cuando  yo estaba cocinando, entonces se quedaba a comer. Algunas noches ella traía comida rápida  (empanadas, piza o sushi) y cenábamos. De a poco se fue quedando un ratito más cada vez, después de los masajes se quedaba a terminar de ver la película que pasaban por el trece  o buscábamos algún documental en netflix. Algunas noches nos tomábamos un vino o fumábamos marihuana en el balcón.
A veces hacíamos el amor, ojo no todas las noches, capaz 2 o 3 de las 5 o 6 veces que venía a la semana. La cuestión que se fue haciendo rutinaria la cosa y cuando menos me di cuenta Anita ya  había instalado en mi apartamento un cepillo de dientes, luego dejo unas toallas y siguio conquistando un cajon en mi armario.  Convivimos nueve largos meses. A la semana dejo el trabajo de traductora, total ya no tenía que pagar alquiler. Se dedicó de lleno a dar clases de Pilates y dar clases grupales de Mindfulness en las plazas de Palermo, de Recoleta o en algún gimnasio que alquilaba para la ocasión.
Estaba menos contracturada y sonreia mas.
Ella estaba todo el día afuera y yo podía atender a mis contracturados pacientes en casa.
El domingo que vi al vecino secuestrando el suplemento deportivo del clarín que me correspondía estalle en furia, Ana me freno y me dio una charla de paz según Aghatoshi San que me reconforto. Todas las noches después de echar un polvo le pedía que me cuente más sobre la filosofía Zen de Aghatoshi y ella me hablaba y me hablaba hasta que el  pesado sueño lograba poseerme.
Viéndolo en perspectiva creo que fuimos muy felices. Por ahí si me hubieran preguntado en ese entonces, si era feliz, hubiese contestado que no. Pero hoy, lejos en la distancia y en el tiempo creo que sí, éramos felices y no nos dimos cuenta.
 Un día, lo recuerdo perfectamente, mientras las ultimas hojas del otoño caían y tomábamos unos mates amargos al costado del lago artificial de parque centenario  me dijo que estaba confundida, que se enamoró de un personal trainer que entrenaba en el mismo gimnasio en el que ella trabajaba. Luego se mudó a lo de sus padres en el bajo Belgrano. Nos despedimos sin rencor. Nunca más la volví a ver.
Los años pasaron. El mundo siguió girando y como pasan las cosas (sin demasiado sentido) La rutina volvió a su curso natural. La soledad fue apresándome y volví a ser un tipo sombrío. La filosofía de Aghatoshi se perdió en el laberinto de mi memoria hasta el día  en que vi un recorte en el  diario:

Aghatoshi Misha Brook San
En Argentina
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No sé qué oscura intención me arrastro hasta allí pero fui. Tal vez buscaba desesperadamente un sentido a mi vida. Primero googlee un poco sobre aghatoshi, no encontré nada. En la web muchos bloggers hacían comentarios sobre sus enseñanzas, al parecer aghatoshi nunca escribió un libro, ni salió en fotos , ni entrevistas ni nada. Era un completo misterio.
Aghatoshi era una rencarnación de Krishna poco o nada conocida, un buda que pasa por la tierra indiferente.
No sabía con qué me encontraría así que fui a la hora y al lugar señalado por teléfono sin esperar nada.
Era un pequeño departamento en Palermo, una china constato mi reservación, me cobro los 800 dolares y me llevo a una pequeña sala de espera.
En esa habitación había cuatro hombres, un gordo calvo que parecía bastante deprimido, un tipo de traje y bigote, un cura y un joven pelado con una extraña mirada y  un vestido naranja de hare krisnaa.
Frente a nosotros una mesita de luz con un florero.
Mire la hora eran las 5 había llegado a tiempo, Los cuatro tipos miraban el suelo en silencio. Quise intentar establecer una conversación pero me hicieron callar y me señalaron un retrato que decía “aguarde en silencio, dios lo ama”
Mire el reloj habían transcurrido veinticinco minutos de espera. Supuse que esperábamos la llegada de alguien más, pero nadie más apareció  Quería interpelar a la china de la entrada pero desde la habitación de espera no llegaba a verla. Me aburría como una ostra, saque mi celular y me puse a jugar  al ajedrez. Los cuatro tipos me miraron como si estaría cometiendo una gravísima falta. No sé de dónde pero a los tres segundos que saque el celular de mi bolsillo, la china de la puerta apareció, me lo manoteo y lo tiro a un tacho de basura que estaba en un rincón.

Las cosas estaban muy claras en el aviso del diario – dijo – nada de celulares, nadie puede grabar ni filmar a Aghatoshi Misha Brook. Me disculpe pero ya era tarde, realmente no lo sabía-dije.
La secretaria  china desapareció por donde entro, llevándose mi celular dijo que me lo devolvería al salir y que agradezca que no me saco a patadas ninjas en el culo, del lugar.

Estuvimos 35 minutos más en silencio esperando en esa habitación.
A las 18 hs puntual la china reapareció
-          Soy Valeria Lee secretaria personal de Aghatoshi Misha Brook san, hace 20 años la acompaño en sus giras y soy su traductora. Como ustedes saben Misha es la reencarnación de Krishna nació hace 80 años en serbia y aun continua dando luz a todos los que como ustedes buscan la verdad, la paz y la libertad del espiritu.

Detrás de nosotros se abrió una puerta y apareció una escultural pelirroja de 25 años con un vestido blanco pegado al cuerpo que dejaba traslucir sus pezones. Los tipos se arrodillaron a alabarla. Seguí sentado sin entender nada. Al parecer esa pelirroja que de serbia no tenía nada, era la reencarnación de  krishna y tenía 80 años.
Misha empezó a hablar en un idioma del cual no llegue a reconocer ni una palabra, por suerte la secretaria china (Valeria) empezó a traducir.
Voy a contestarles una pregunta a cada uno y luego es voy a decir lo que quieren escuchar. Esto se termina cuando quieran  pueden retirarse cuando lo crean necesario. Todo este tiempo de espera, en el cual estuvieron meditando sobre la flor que está en esta mesita de luz, estuve leyendo sus mentes. No hace falta que me formulen pregunta alguna yo ya la sé.

Recién en ese momento comprendí que toda aquella hora no fue una espera, sino que debíamos haber estado meditando sobre la rosa.

Aghatoshi San miro al cura y dijo:
         No existe dios acéptelo de una vez y hágase cargo de vida. Si realiza las maniobras adecuadas todo lo podrá. hasta San Lorenzo puede ganar un libertadores. Usted podrá ser el primer ministro del fin del mundo. Esto se termina cuando quieran, puede retirarse cuando lo crea necesario
El cura se levantó y se fue reflexionando por lo bajo.

Luego miro al gordo calvo y dijo:
       Lo suyo no tiene solución prepárese para la muerte. su adiccion a los video juegos y la cocaina lo destruirá. Esto se termina cuando quieran  puede retirarse en cualquier momento. El gordo se levantó del sillón y a paso lento salió llorando

Miro al tipo de traje y dijo:
      No importa con cual partido político vaya a boleta, usted Ganara. Pero nunca conquistara el amor de su padre . Es tiempo que busque un equipo honesto, tiene que cambiar, hay que cambiar, cambiemos. Esto se termina cuando quieran. Puede retirarse en cualquier momento pero se que no lo hará.
El tipo de traje se peinó el bigote con la mano y prendió un cigarro, siguió sentado.

Se dirigió al joven pelado de extraña mirada que tenía un vestidito naranja
       Tus padres no deben seguir manteniéndote, búscate un trabajo y múdate. Si quieres formar una familia, vístete como hombre no con esos vestidos de mujer. Esto se termina cuando quieran. Puede retirarse en cualquier momento pero no lo hará.
El pelado se quedó sonriendo como si hubiera obtenido la respuesta a lo que buscaba.

Llegaba mi turno. No tenía ninguna pregunta que hacerle, estaba ahí de pura casualidad. Toda la hora que estuvimos ahí esperando al pedo no había meditado un carajo (y creo que los otros cuatro tipos tampoco) es mas no sabía ni de qué color era la rosa que estaba en el florero. No había prestado atención.

Aghatoshi San me miro y dijo:
       Si tiene suficiente paciencia obtendrá lo que espera.  Esto se termina cuando usted quiera. Puede retirarse en cualquier momento pero no lo hará.
Quede boquiabierto,  si tenía suficiente paciencia obtendría lo que fui a buscar. La cuestión es que yo no buscaba nada.

En ese momento Valeria trajo una silla y Aghatoshi se sentó.  La secretaria nos sirvió una taza de un extraño y amargo té a los tres que nos quedamos, el tipo de traje y bigotes , el  joven pelado y yo. Aghatoshi empezó a hablar y Valeria traducía entre bostezos (como si ya hubiera escuchado lo mismo mil veces)

A los cinco minutos de parla el pelado se fue sonriendo.
El tipo de traje y bigote se quedó prendió otro cigarro y después a los 15 minutos también se fue.

Me di cuenta que ninguno de los dos había estado prestando atención a lo que decía aghatoshi. Ellos estaban ensimismados pensando en la respuesta que ella les había dado, pensando en cómo seguir sus vidas.
No recuerdo mucho lo que decía, un poco me hacia el pensativo y otro poco también estaba analizando la respuesta que me dio. La china iba traduciendo:

Desde los 18 años soy la putita de papa al principio me daba asco pero ahora disfrutomi madre descubrió mi tendencia lesbianame case tengo un hijo siendo lesbiana, lo hice por mi familia, ahora estoy separadami hermana y yo descubrimos nuestra tendencia lésbica desde pequeñas al dormir juntassabemos que es un amor incestuoso pero gozamos mucho en cualquier rincón de la casa.pasamos de los hombres con nuestros penes y consoladoresme gusta compartir polla y semen con mi madreVero y yo cuando vamos hacer el amor empezamos igual con suaves caricias y besos pero terminamos violentamenteme gusta preparar la polla que me sodomizara en varias posiciones y verterá su leche en mi cara me encanta que Vero me mordisque los pezones y me coma el coñomi primer trio también fue forzado por una amiga mía pero hemos repetido los tres ... mi hijo me folla mejor que su padrea mi marido le gusta mirar como sus amigos me follanme gusta que me sodomicen mientras otro me follame gusta ser azotada y que torturen mis pechos por una mujer mientas me recompense sexualmentemi mama me enseño a chupar pollas con mi padrea mi también me gusta probar la polla de mi hermano, como me folla y trata a mis tetaslo mejor es cuando me sodomiza después de chuparle la polla y pajearle con mis tetasse que soy el mejor regalo sexual para mi hermano y me gusta sentir su leche caliente en mi cuerpome gusta como me folla mi hermano me gusta que otras mujeres saquen leche de mis tetas y me la den a beberel colmo de mi éxtasis sexual es tener a tres tíos que me besen y me follenme gusta que me sodomicenestoy enamorada de mi hermano pero nuestro padre nos hace chantaje y tengo que compartirlomi madre y yo hemos compartido muchas pollas a la veztambién mi hijo estaba enamorado de mí y nos convertimos en amantescada día me espera para tener sexo conmigo y en verdad es muy bueno  tengo asumido que soy su amantetengo un hermano que me satisface en los malos momentosy soy la amante de mi padresoy la muñeca de papa y me folla muy bienmi padre además de follarme me chupaba la leche de mis tetas cando estaba embarazadatambién mi hijo y yo nos entendemos muy bien sexualmentetoda mi familia es incestuosase que soy el oscuro objeto del deseo de los machos de mi casa y yo me dejo hacerme gusta que me follen los hombres de mi familia: padre, hermanos, tíos y primospero lo que mas me gusta es que me sodomicenmis padres me iniciaron en el mundo del sexo ya que la primera polla que me comími hijo y yo decidimos vivir como pareja estable ya me follaba cada díamis amigas y yo nos gusta el sexo lésbico acompañadas de un tío que nos folle     mi mayor placer es ser torturada por mujeres y darles placer sexualme gusta ser torturada por una mujer siempre que me recompense sexualmentepara que mi padre obtuviera el ultimo orgasmo de su vida mi madre quiso que follara con elNo pare hasta que conseguí ser follada por mi hermano ahora cada vez que me ve quiere hacerlonuestra madre nos obligó a mi hermano y a mí, a follar en su presenciami hermano me enseñó todas las formas de obtener placer sexual desde que descubrí la follada anal obligo a mis amantes a sodomizarmemis amantes tienen que estar encadenados como esclavos para follarmeyo he hecho tríos en los que he compartido padre e hijo a la vezsiempre he estado al lado de mi padre en las buenas y malas situaciones ahora ocupo el lugar de el en mi familia.

Después de decir todas esas barbaridades que aproximadamente duro una hora Valeria la traductora china se sentó. Los tres nos quedamos en silencio como 3 angustiantes minutos. Aghatoshi  y Valeria cruzaron unas miradas, luego dijo:
-          que sabes hacer tu?
-          soy masajista
-          Aghatoshi quiere probarte

Corrió el florero y se acostó en la mesita de luz. Empecé a darle masajes. Primero le trabaje el cuello, definitivamente no tenía 80 años. Era una pendeja pelirroja de 25 años o la meditación la mantenía muy bien. Estuve largo rato haciéndole masajes mientras veía allá en la entrada a Valeria contar el dinero, chequear la agenda.
Seguí masajeando la espalda baja y le saque el vestido. Aghatoshi misha brook estaba como en un estado de meditación profunda. No se inmuto cuando le saque el vestido blanco que tenía. Quedo desnuda frente a mí y pude ver toda su anatomía mientras masajeaba sus glúteos. Su cuerpo era atletico. Valeria se acercó - Esto se termina cuando usted quiera. Puede retirarse en cualquier momento – dijo, luego escuche la puerta de la calle cerrarse al marcharse. Seguí masajeando el cuerpo de Misha san. Me sentí completamente excitado, luego hicimos el amor. Aunque decir hicimos es mucho porque en realidad Aghatoshi nunca se inmuto ni emitió sonido alguno. Hice todo el trabajo solo. Al acabar me limpie con su vestido, ella siguió estática, dura sobre la camilla. Al salir robe la rosa del florero, prendí un cigarro  y me fui.

Tuve paciencia y obtuve lo que quería, me cogí una hermosa pelirroja. Me salió 800 dólares que en esa época era una fortuna y supuestamente obtuve lo que quería

Aproximadamente 10  años pasaron, la larga sonrisa de todos esos años se fue desvaneciendo.

Hace poco,  recién,  el otro día me trajeron una carta certificada de Oca.
Una extraña manera de mirar había en el cartero. Lo reconocí inmediatamente, era el ex  joven pelado hare krishna. Tuvimos una pequeña conversación.
- Como nos cago Aghatoshi que va ser esa pelirroja puta la rencarnación de vishnu
- he? me dijo.
Estuve largo rato explicándole  la situación, él decía no entender, no saber nada. me dijo que yo lo confundía con alguien mas  y que estaba apurado y debía irse.
-Oiga no sea canalla- le dije - esa mirada de borrego jamas podría olvidarla en mi vida, converse conmigo ¿que quiere?
-Deme cincuenta pesos y charlo 15 minutos
 Saque un billete del bolsillo, me miro consternado dándose cuenta de que podría haber pedido mas dinero. Mientras preparaba café charlamos un poco.

Luego comprendí el infortunio.
Según él aquella noche no había ninguna pelirroja sino una viejecita de rasgos orientales . Y según él había escuchado completamente otra cosa de lo que yo había oído.

El tipo de traje y bigote que aghatoshi trato de politico gano para intendente de la ciudad de Buenos Aires era Mauricio Macri lo reconocí ni bien asumió y fui a hablar con él. Me recibió en la legislatura porteña y  dijo exactamente lo mismo que el pelado.

El cura de aquella noche supe que fue ministro de fe en Lujan y estuvo nominado para ser papa pero no gano, años después cuando Ratzinger renuncio a su puesto asumió como papa y cambio su nombre a Francisco.

El gordo deprimido lo vi en la tele, dando un discurso  en la cancha de Racing.  Sé que es el hijo de una pareja política importante de Rio Gallegos

Al parecer cada uno escucho,  vio y experimento algo distinto.

Al gordo, al político y al cura la visita de Aghatoshi de alguna manera los ayudo a ser exitosos.
El pelado que en ese entonces era un hare krisnaa mantenido por sus padres ahora era un cartero padre de familia. De alguna manera el tambien triunfo.
Dijo que la visita de Aghatoshi fue de vital importancia para el transcurso de su vida.

Yo seguía en la incertidumbre,

Es un misterio para mí, lo que definitivamente sucedió esa noche. Solo las cinco personas que estuvimos allí lo sabemos. Pero cada uno tiene una verdad diferente, una interpretación distinta.

Nunca más volvió Aghatoshi Misha Brook San a la Argentina.  Tampoco encontré recortes en los diarios ni noticias en internet de su visita.

Aun no se si su visita resulto beneficiosa, danina o irrelevante para el transcurso de mi historia.

A todo lo intangible se le llama espiritualidad. Debo confesar que algunas noches me siento reconfortado al pensar que la vida sigue siendo un misterio,  Algunas noches, sueño que recuesto mi cabeza en el vientre de Ana y mientras ella me cuenta enseñanzas zen de Agatoshi yo lloro y le ruego que sea mi madre y mi amante.

Sigue siendo una mujer que amo.










Nota de voz 17

lunes, 9 de noviembre de 2015

Un Fuego Amigo




Solo un perro fiel
Me acompaño en el viaje
Cuando me canse de caminar
Baje los brazos
Y lo deje guiar
Miro con cara de perro
Dio media vuelta y huyo
Moviendo el rabo
Su destino era la libertad.
Quede fumando, mirando el mar, solo.

Sufrí
Nunca nada me importo tanto
No sufrí mucho
Sufrí.
Me refugie en la luz
Busque el zen.
Me refugie en lo oscuro
Busque el ser.
Me refugie en lo difuso.
La trasfiguración de las redes
Devino en Kenosis
Mas allá de la secularización,
De lo acaecido.
La palabra transito hasta mi
Como una verdad dictada por ángeles
Llego la revelación
Tome una pluma y mientras me flagelaba escribí 
El primer capítulo titulado
" El sida de ser sensible "
Configure una lista de mujeres
A las cuales no acercarme jamas
Si quería conservar mi lucidez:

"Las que fueron lesbianas,
(No una/s experiencia/s Sino que se enamoraron de otra mujer)
Lesbianas del amor se es para siempre, excluidas.
Las que no tienen amigas, esas son una verdaderas hijas de puta.
Las poetas, esas pueden capturarte tu mutilado corazón y destruirlo.
Las que tienen mucho haber en su lista. Esas ya no valoran nada.
 Quien nunca se excede en nada.
Las veganas que no fuman porro.
 Esa es una verdadera psicópata.
Las que tienen a su Madre loca, No olvidar la genética.
Las que viene de generación en generación de madres solteras.
 Los hijos tienden a repetir lo que ven de chicos.
Las que son demasiado buenas en la cama
Son generalmente las mismas que tienen mucho macho en su lista.
(Es algo que no se aprende de un día a otro)
Esas también pueden apresarte el alma.
Las que carecen de talento, aburren.
Las que estudian medicina (de tanto jugar con el dolor ya son inmunes)
Las que tienen más de tres hijos (por razones anatómicas )
Las que van mucho a ver bandas de rock tributo, esas son obsesivas.
Las que bajan o suben de peso rápido, Están locas.
Las que son mis fans, tienen mal gusto y son generalmente despreciables y desquiciadas.
Las que les gusta la falopa más que a mí.
Esas pueden hacerme perder el rumbo y podemos confundir
 nuestro romance con el romance a las drogas.
Nota - la oda a las drogas siempre dura más y es más placentera que el amor –
El amor se va y viene caprichosamente, las drogas son más fáciles de conseguir.
Las me conocieron estando de novias, son engañadoras.
Las ex. La historia nunca vuelve atrás.
Lo que se repitió dos veces seguro pasa tres. "

Cuando el ser de luz
Se retiró de mi
Releí la lista.
Sorprendido caí en cuenta
Que para no sufrir
Debía excluir a todas las mujeres del mundo
Pues todas poseen alguna de las características que el ángel revelo.
No quería estar solo
Ya me había dedicado oscuro tiempo a la búsqueda del ser.
Un fuego amigo me destroza las espaldas
Mientras los fantasmas me acribillan de frente.
Un cartel, como una señal luminosa en la teve decía: 
PARE DE SUFRIR
No quiero, soy cobarde, todavía no llegue al nirvana.
Hay mucho hielo sobre mis deseos pero igual.
Aun creo en la felicidad como dicha y no como ausencia de dolor.
Mantengo bajas mis expectativas 
Tengo otra opción: 
- Rompí la lista -
Aquí me vez,
Con el corazón pertrechado entre las manos
Dispuesto a dártelo y que hagas lo que quieras con él.
El que no pierda su alma no la salvara.
¿ Que voy a hacer con esta resaca de año nuevo y la manija de detener el tiempo ?





lunes, 2 de noviembre de 2015

El infierno posible

 "el infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio

— Italo Calvino 










Dicen las religiones
cuando mas cerca estamos del anticristo
mas cerca estamos de la segunda y definitiva
venida de Jesús.
La llegada del mesías
viene a destruir todo el mundo conocido
para bien o para mal
En el cielo nadie pierde, 
nadie empata
Todos ganan siempre,
el paraíso es un lugar imposible
la lógica allí no existe.
En el infierno se pierde siempre
(eso no es tan difícil de imaginar)
Algunos ya estamos acostumbrados a eso
El infierno de lo real
es infinitamente cotidiano
El sentido de la historia se descubre siempre al final
todo fue hecho para llegar a ese punto
el telos del asunto.
hay un sentido que se realiza en la historia
o las cosas van sucediendo inconexamente
y se van abriendo por azar situaciones posibles

Nacimos para morir
solo eso nos iguala
aunque pierdas o ganes
aunque des lo mejor que tengas,
en la cotidianidad de nuestro infierno posible
todo es inútil
acá se pierde siempre.


http://www.goear.com/listen/0ce9bbe/joven-hermoso-remy-le-blanc

lunes, 26 de octubre de 2015

Meteoro




La noche del primero de febrero
después de tomar un fernet entero
y un par de copas de cidra
a las 4 de la mañana
le cosí la frente a un policía
que se la habían reventado unos negros de un piedraso.
Ese fue mi primer acto como cirujano.
El jefe de la policía departamental
me sostenía la gasa con pervinox
mientras yo bromeaba con el herido,
entre puntada y puntada,
diciéndo que debo ser el único medico
que hacia laburar al comisario mayor un feriado.
pero era mentira, aun no era medico.
me dieron 3000 pesos por trabajar esa noche
y nunca antes había cosido a nadie
La ciencia tiene sus cosas buenas
pero nunca servirá para entender algunas cosas
Me recibí de medico
exactamente el mismo día
que Favaloro se suicido
pero 15 años después.
Ese dia al salir de rendir mi ultima materia
me cruce al bar de enfrente y pedí un café.
Se nublo de repente y el cielo estallaba en truenos
"todo lo grande pasa en medio de la tempestad" dijo Heidegger
Me tome el bondi que me llevo del bajo flores
a una clínica privada en san justo donde trabajaba.
llegue empapado y temblando, no dije nada a nadie
Porque para ellos estaba recibido hace rato.
(sino no me hubieran contratado)
Un meteorito ilumino todo el cielo de verde
a pesar de los nubarrones y la lluvia
Casi nos extinguimos todos ese dia.
La inteligencia humana tienen sus limites
Nunca llegaremos a comprender
el sutil sentido del humor del creador

Ala es grande.




http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150731_meteorito_cielo_verde_lb

martes, 20 de octubre de 2015

Tigres Azules Agrandado

Una famosa página de Blake hace del tigre un fuego que resplandece y un arquetipo eterno del mal; prefiero aquella sentencia de Chesterton, que lo define como símbolo de terrible elegancia. O como el canta Beilinson en: "Memorias de un perro mutante"
Un cielo cubierto de ceniza y alquitrán
llora en esta guerra silenciosa.
Hola! Hay alguien ahí?
Hay acaso algún sobreviviente?
Ese microchip, anónimo y fatal,
sólo sos un número en su dieta.
El mundo se está poniendo raro,
hubo olor a tigre esta mañana en la ciudad.
Nada por aquí, mucho por allá,
un truco de magia bien pensado.
El caballo negro de la noche
corre al galope en la tormenta igual que vos.
Olor a tigre se refiere a esa orina fuerte (concentrada) del rey de la selva. La primer orina matinal después de una resaca. El tigre como prototipo de persona que sale de fiesta fuerte.
 No hay palabras, por lo demás, que puedan ser cifra del tigres, forma que desde hace siglos habita la imaginación de los hombres y las mujeres. Siempre me atrajo, me sedujo el tigre. Sé que me demoraba, de niño, ante cierta jaula del zoológico de Palermo cuando mi mama me llevaba los domingos; nada me importaban las otras jaulas, ni el guanaco que escupía a los distraídos, ni los monos que revoleaban con sus manos la mierda recién cagada a la gente. Juzgaba a las enciclopedias, los comics y a los libros de historia natural por los grabados de los tigres.
Cuando me fueron revelados los Jungle Books, me desagradó que Shere Khan, el tigre, fuera el enemigo del héroe.  Sabretooth (Dientes de Sable) enemigo de wolverine era mi personaje preferido de X-men.   


 A lo largo del tiempo, ese curioso amor no me abandonó. Sobrevivió a mi paradójica voluntad de ser cazador y a las comunes vicisitudes humanas. Hasta hace poco -la fecha me parece lejana, pero en realidad no lo es- convivió de un modo tranquilo con mis habituales tareas en la Universidad de La Matanza. Soy profesor de lógica occidental y consagro mis domingos a un seminario sobre la obra de Spinoza y de Zizek. Debo agregar que soy adicto al whisky escocés; acaso el amor de los tigres fue el que me atrajo de Aberdeen al Punjab. El curso de mi vida ha sido común, en mis sueños siempre vi tigres y a la tigresa del Peru  (ahora los pueblan de otras formas y travestis).



Más de una vez he referido estas cosas y ahora me parecen ajenas. Las dejo, sin embargo, ya que las exige mi confesión.

En la revista "Muy interesante" lei,  mientras aca pasaban Verano del 98 y todos canturreábamos como giles la canción del rastoso Naguel Mutti



Que en la región del delta del Ganges habían descubierto una variedad azul de la especie. La noticia fue confirmada por mails ulteriores y una exhaustiva búsqueda en Google, con las contradicciones y disparidades que son del caso.
 Mi viejo amor se reanimó, sentí una curiosidad inmensa en mi vientre que resulto ser una diarrea. Sospeché un error, dada la impresión habitual de los nombres de los colores, quizás un daltonico se confudio o google translation tradujo como el orto las noticias. Recordé haber leído que en islandés el nombre de Etiopía era "Bláland", Tierra Azul o Tierra de Negros. El tigre azul bien podía ser una pantera negra o un truco para atraer turistas.
Nada se dijo de las rayas y la estampa de un tigre azul con rayas de plata que divulgó la prensa de Londres en una foto, de berreta calidad, tomada con un celular; que era evidentemente apócrifo. El azul de la ilustración me pareció más propio de la heráldica que de la realidad. En un sueño vi tigres de un azul que no había visto nunca y para el cual no hallo la palabra justa. Sé que era casi negro, o violeta pero esa circunstancia no basta para imaginar el matiz. Meses después cuando ya casi habia olvidado el hecho del tigre azul y estaba  completamente obsesionado con otros temas (un travesti paraguayo bien fornido que durante el dia se desempeñaba como albañil) Un colega, Raul el buscador de tesoros, me telefoneo  diciendome que en cierta aldea muy distante del Ganges había oído hablar de tigres azules. El dato no dejó de sorprenderme, porque se que en esta región son muy raros los tigres y como en el resto del mundo aun mas raros los tigres azules.  Nuevamente soñé con el tigre azul de mierda ese, que al andar proyectaba su larga sombra sobre el suelo arenoso. Aproveché las vacaciones estudiantiles de verano para emprender el viaje a esa aldea, de cuyo nombre -por razones que luego aclararé- no quiero acordarme. También aproveche para borrarme porque le debía dinero a los japones o chinos del supermercado (no se bien, son todos iguales)

Arribé ya terminada la estación de las lluvias, por suerte porque tenia ladillas que me contagie en el avion, Culeando con una prostituta que iba rumbo a Rusia a triunfar como actriz. El clima calido, la humedad y la lluvia no iban a ayudar a frenar la picazon de genitales. La aldea bastante pobre estaba agazapada al pie de un cerro, que me pareció más ancho que alto y mas alto que angosto,  la cercaba y amenazaba una jungla pubica, que era de un color pardo enrulado. En alguna página de Kipling tiene que estar el villorio de mi aventura ya que en ellas está toda la India, y de algún modo todo el orbe. Básteme referir que una zanja, con ranitas que cantaban toda la noche, con oscilantes puentes de cañas apenas defendía las mugrientas chozas. Hacia el sur había ciénagas y arrozales y una hondonada con un río limoso cuyo nombre no supe nunca o me dijeron y no les di pelota, hacia el norte estaba el progreso, un Mac donald, un ciber que vendía cigarrillos y después, de nuevo, la espesura extenuante de la majestuosa jungla.

La población era de negros hindúes (aunque los prefiero antes que los negros peronistas). El hecho, que yo había previsto, no me agradó. porque soy racista. Siempre me he llevado mejor con los musulmanes que pueden tener hasta siete jermus, aunque el Islam, lo sé, es la más pobre de las creencias que proceden del judaísmo. Y odio a los miserables judios, a las judias no, porque son todas putas y eso me agrada.

Sentimos que en la India el hombre pulula (o sea esta hasta las bolas de gente por todos lados); en la aldea sentí que lo que pulula es la selva, que casi penetraba en las chozas y en nuestros culos. El hotel no tenia wifi, el desayuno "all inclusive" era un huevo frito de vaya a saber uno que especie (porque nunca vi una gallina dando vueltas por ahí) el desayuno tenia gusto a carton. El día era opresivo y la noche no tenía frescura. Los mosquitos eran insoportables y dejaban ronchas grandes. Lamente no haber traficado unos pares de repelentes

Los ancianos me dieron la bienvenida, y  (mientras escondía  los dolares en el calzon, por las dudas que me choreen) mantuve con ellos un primer diálogo, hecho de vanas cortesías. Que tal, mucho gusto, no hay de que, encantado de conocerlo, el gusto es mio , etc.
Ya dije la pobreza del lugar, pero sé que todo hombre da por sentado que su patria encierra algo único, que es la mejor, que tiene a la mas grande selección del mundo, aunque no gana ni la copa america y que cree que tiene las mejores minas. Ponderé las dudosas habitaciones y los no menos dudosos manjares (toda la comida sabia a mierda) y dije que la fama de ese lugar había llegado hasta  La Matanza. Los rostros de los hombres cambiaron; intuí inmediatamente que había cometido una torpeza y que debía arrepentirme. Mentira - dije - no los conocen ni el choto.

Empece a decirles que venia de la tierra de Messi, La coca Sarli y Maradona, ahí aflojaron un poco y entramos en confianza, me convidaron un poco de haschis que fume con animosa cortesia. Quería opio pero parece que ahí no tenían. Los sentí poseedores de un secreto que no compartirían con un extraño. Acaso veneraban al Tigre Azul y le profesaban un culto que mis temerarias palabras habrían profanado. -Ojala no le ofrezcan mi carne en sacrificio- pensé.

Esperé a la mañana del otro día porque la del día pasado iba a ser medio imposible. Consumido el arroz y bebido el te comí el huevo frito de mierda ese y lo vomite a las pocas horas.
Abordé mi tema luego. Pese a la víspera, no entendí, no pude entender, lo que sucedió. Todos me miraron con estupor y casi con espanto, pero cuando les dije que mi propósito era apresar a la fiera de la curiosa piel, me oyeron con alivio. Alguno me dijo que lo había divisado en el lindero de la jungla. Prepare mi escopeta y lustre las balas.

En mitad de la noche los mosquitos me despertaron, Golpearon mi puerta cuando vieron que tenia la luz prendida. Un muchacho me dijo que una cabra se había escapado del redil y que, yendo a buscarla, había divisado al tigre azul en la otra margen del río. Pensé que la luz de la luna nueva no permitiría divisar el color, pero todos confirmaron el relato y alguno, que antes había guardado silencio, dijo que lo había visto. Salimos con los rifles y vi, o creí ver, una sombra felina que se perdía en la tiniebla de la jungla. me asuste un poco y tuve que correr al baño, no sabia si de la emoción o por el huevo frito pero me cague. No dieron con la cabra, pero la fiera que la había llevado, bien podía no ser mi tigre azul, capaz se la robaron entre ellos. Me indicaron con énfasis unos rastros, unas huellas medio raras, que, desde luego, nada probaban. lo cierto es que cuando volví a mi habitación me habían desvalijado
- Hijos de puta!

Al cabo de las noches comprendí que esas falsas alarmas constituían una rutina que me estaba hinchando un poco las pelotas. Como Daniel Defoe, los hombres del lugar eran diestros en la invención de rastros circunstanciales. El tigre podía ser avistado a cualquier hora, hacia los arrozales del Sur o hacia la maraña del Norte, pero no tardé en advertir que los observadores se turnaban con regularidad sospechosa para que no me avive. Mi llegada coincidía invariablemente con el momento exacto en que el tigre acababa de huir. Siempre me indicaban la huella y algún destrozo, pero el puño de un hombre puede falsificar los rastros de un tigre. Una que otra vez fui testigo de un perro muerto o un loro decapitado. Una noche de luna que el cabaret local estaba cerrado, pusimos una cabra de señuelo y esperamos en vano hasta la aurora.  Me tome como tres vinos esa noche. Pensé al principio que esas fábulas cotidianas obedecían al propósito de que yo demorara mi estadía, que beneficiaba a la aldea, ya que la gente me vendía alimentos y cumplía mis quehaceres domésticos. Para verificar esa conjetura, les dije que ya no me quedaba un mango y que pensaba buscar el tigre en otra región, que estaba aguas abajo. Me sorprendió que todos aprobaran mi decisión se ve que ya se habían cansado un poco de mi presencia. Aparte me tenian envidia porque todas las minas me deseaban, a ser extranjero y tener todo lo que quieren las wachas
Seguí advirtiendo, sin embargo, que había un secreto y que todos recelaban de mí. Los veía cuchichear a mi paso o por ahí, tal vez,  era que estaba un poco paranoico por la cocaína.

Ya dije que el cerro boscoso a cuyo pie se amontonaba la aldea no era muy alto; una meseta lo truncaba. Del otro lado, hacia el Oeste y el Norte, seguía la jungla. Ya que la pendiente no era áspera, les propuse una tarde escalar el cerro. Mis sencillas palabras los consternaron. Uno exclamó que la ladera era muy escarpada. El más anciano dijo con gravedad que mi propósito era de ejecución imposible. La cumbre era sagrada y estaba vedada a los hombres por obstáculos mágicos. Quienes la hollaban con pies mortales corrían el albur de ver la divinidad y de quedarse locos o ciegos. Supuse que en la montaña guardaban todas las cosas que me chorearon del hotel. me poseyó un furia loca.

No insistí, me hice el gil, pero esa noche cuando todos dormían, me escurrí de la choza de keruza, agarre la escopeta y subí la fácil pendiente. No había camino y la maleza me demoró. aproveche para espiar a una minita mientras se duchaba en el riacho a la luz de la luna. Me pajee un rato entre los matorrales. Despues le chiste  mientras agitaba el miembro viril. No obtuve la respuesta esperada, la negra se dio a la fuga al trote.

La luna estaba en el horizonte. Me fijé con singular atención en todas las cosas, como si presintiera que aquel día iba a ser importante, quizá el más importante de todos mis días. Recuerdo aún los tonos obscuros, a veces casi negros, de la hojarasca. Clareaba y en el ámbito de las selvas no cantó un solo pájaro. Los mosquitos jodian bastante

Estaba cansado, la paja me aniquilo veinte o treinta minutos dormi una siestita :Despues le meti pata antes que se haga de dia y pise la meseta. Nada me costó imaginar que era más fresca que la aldea, sofocada a su pie los mosquitos escasean en la altura. Comprobé que no era la cumbre, que era una suerte de terraza, no demasiado dilatada, y que la jungla se encaramaba hacia arriba, en el flanco de la montaña. Lance una puteada. Me sentí libre, como si mi permanencia en la aldea hubiera sido una prisión, prendí un pucho. No me importaba que sus habitantes hubieran querido engañarme; sentí que de algún modo eran todos giles menos yo.

En cuanto al tigre... Las muchas frustraciones habían gastado mi curiosidad y mi fe, pero de manera casi mecánica busqué rastros. No encontré un carajo y mucho no veia aunque ya empezaba a clarear

El suelo era agrietado y arenoso. En una de las grietas, que por cierto no eran profundas y que se ramificaban en otras, reconocí un color. Era, increíblemente, el azul del tigre de mi sueño. Ojalá no lo hubiera visto nunca. Me fijé bien. La grieta estaba llena de piedrecitas, todas iguales, circulares, muy lisas y de pocos centímetros de diámetro. Su regularidad le prestaba algo artificial, como si fueran fichas de casino.

Me incliné, puse la mano en la grieta y saqué unas cuantas piedritas. Sentí un levísimo temblor pense que era producto de la deshidratacion por la diarrea. Guardé el puñado en el bolsillo derecho, en el que había una tijerita y una carta de Allabahad. Estos dos objetos casuales tienen su lugar en mi historia pero no viene al caso

Ya en la choza, me quité la chaqueta. Me tendí en la cama y volví a soñar con el tigre. En el sueño observé el color; era el del tigre ya soñado y el de las piedritas de la meseta. La Tigresa Acuña también estaba en mi sueño, con una diminuta tanga azul y me boxeaba los huevos con la lengua.





Me despertó el sol en la cara y los putos mosquitos . Me levanté y me apure en echar un cago, la gastroenteritis no curaba mas. La tijera y la carta me estorbaban para sacar los discos. Saqué un primer puñado y sentí que aún quedaban dos o tres. Una suerte de cosquilleo, una muy leve agitación, dio calor a mi mano. Al abrirla vi que los discos eran treinta o cuarenta. Yo hubiera jurado que no pasaban de diez. Las dejé sobre la mesa y busqué los otros. No precisé contarlos para verificar que se habían multiplicado. Los junté en un solo montón y traté de contarlos uno por uno.

La sencilla operación resultó imposible. Miraba con fijeza cualquiera de ellos, lo sacaba con el pulgar y el índice y cuando estaba solo, eran muchos. Comprobé que no tenía fiebre e hice la prueba muchas veces. El obsceno milagro se repetía. Sentí frío en los pies y en el bajo vientre, me temblaban las rodillas. Algún mosquito de mierda me contagio una fiebre rara. Pensé en llamar un medico pero solo tenia el suficiente dinero como para tomar un taxi e ir al aeropuerto

Sin mirarlos, junté los discos en un solo montón y los tiré a la mierda por la ventana. Con extraño alivio sentí que había disminuido su número. Cerré la puerta con firmeza y me tendí en la cama. Busqué la exacta posición anterior y quise persuadirme de que todo había sido un mal sueño. Para no pensar en los discos, para poblar de algún modo el tiempo, repetí con lenta precisión, en voz alta, las ocho definiciones y los siete axiomas del kybalion. No sé si me auxiliaron. Probé también con los diez mandamientos pero no me los acordaba, me dio risa cuando llegue a decir "no desearas la mujer de tu prójimo". Temí instintivamente que me hubieran oído hablar solo, y abrí la puerta. Hice como que hablaba por celular pero la verdad es que me había quedado sin batería y el cargador lo perdí cuando desvalijaron el hotel.

El más anciano se acerco, Bhagwan Dass. Por un instante su presencia pareció restituirme a lo cotidiano. Salimos. Yo tenía la esperanza de que hubieran desaparecido los discos, pero ahí estaban, en la tierra. Ya no se cuantos eran.

El anciano los miró y me miró. Yo lo mire, nos miramos. Me estaba mirando el bulto, lo vi, sonreí.

- Estas piedras no son de aquí. Son las de arriba vos la trajiste, no te hagas el boludo -dijo con una voz amenazante que no era la suya

- Así es -le respondí. Agregué, no sin desafío, que las había hallado en la meseta cuando fui a buscar las cosas que me robaron. Bhagwan Dass, sin hacerme caso, se quedó mirándo las piedritas fascinado. Le ordené que las recogiera. No se movió.

Me duele confesar que saqué el revólver y le repetí la orden en voz más alta.

Bhagwan Dass balbuceó:

- Más vale una bala en el pecho que una piedra azul en la mano.

- No seas cagon, devuelvanmen mis cosas chorros -le dije.

Yo estaba, creo, no menos aterrado, pero cerré los ojos y recogí un puñado de piedras con la mano izquierda. Guardé el revólver y las dejé caer en la palma abierta de la otra. Su número era mucho mayor.

Sin saberlo, ya había ido acostumbrándome a esas transformaciones. Me sorprendieron menos que los gritos de Bhagwan Dass.

-¡Son las piedras que engendran! -exclamó-. Ahora son muchas, pero pueden cambiar. Tienen la forma de la luna cuando está llena y ese color azul que sólo es permitido ver en los sueños. Los padres de mis padres no mentían cuando hablaban de su poder.

La aldea entera nos rodeaba.

Me sentí como si fuera un David Copperfield o El mago sin dientes, yo era el mágico poseedor de esas maravillas. Ante el asombro unánime, recogía los discos, los elevaba, los dejaba caer, los desparramaba, los veía crecer o multiplicarse o disminuir extrañamente

La gente se agolpaba, presa de estupor y de horror. Los hombres obligaban a sus mujeres a mirar el prodigio. Alguna se tapaba la cara con el antebrazo, alguna apretaba los párpados. Ninguno se animó a tocar los discos, salvo un niño feliz que jugó con ellos. En un momento sentí que ese desorden estaba profanando el milagro. Junté todos los discos que pude y volví a la choza.

Quizá he tratado de olvidar el resto de aquel día, que fue el primero de una serie desventurada que no ha cesado aún. Lo cierto es que no lo recuerdo. Hacia el atardecer pensé con nostalgia en la víspera, que no había sido particularmente feliz, ya que estuvo poblada, como otras, por la obsesión del tigre. Quise ampararme en esa imagen, antes armada de poder y ahora baladí. El tigre azul me pareció no menos inocuo que el cisne negro del romano, que se descubrió después en Australia.

Releo mis notas anteriores y compruebo que he cometido un error capital. Desviado por el hábito de esa buena o mala literatura que malamente se llama psicológica, he querido recuperar, no sé porqué, la sucesiva crónica de mi hallazgo. Más me hubiera valido insistir en la monstruosa índole de los discos.

Si me dijeran que hay unicornios en la luna, yo aprobaría o rechazaría ese informe o suspendería mi juicio, pero podría imaginarlos. En cambio, si me dijeran que en la luna seis o siete unicornios pueden ser tres, yo afirmaría de antemano que el hecho era imposible. Quien ha entendido que tres y uno son cuatro, no hace la prueba con monedas, con dados, con piezas de ajedrez o con lápices. Lo entiende y basta. No puede concebir otra cifra. Hay matemáticos que afirman que tres y uno es una tautología de cuatro, una manera diferente de decir cuatro... A mí, Remy Le Blanc, me había tocado en suerte descubrir, entre todos los hombres de la tierra, los únicos objetos que contradicen esa ley esencial de la mente humana.

Al principio yo había sufrido el temor de estar loco; con el tiempo creo que hubiera preferido estar loco, ya que mi alucinación personal importaría menos que la prueba de que en el universo cabe el desorden. Si tres y uno pueden ser dos o pueden ser catorce, entonces la razón es una locura.

En aquel tiempo contraje el hábito de soñar con las piedras, piedras de marihuana. La circunstancia de que el sueño no volviera todas las noches me concedía un resquicio de esperanza, que no tardaba en convertirse en terror. El sueño era más o menos el mismo. El principio anunciaba el temido fin. Una baranda y unos escalones de hierro que bajaban en espiral y un sótano o un sistema de sótanos que se ahondaban en otras escaleras cortadas casi a pico, en herrerías, en cerrajerías, en calabozos y en pantanos. En el fondo, en su esperada grieta, las piedras que eran también Behemoth o Leviathan, los animales que significaban en la escritura que el Señor es irracional. Yo me despertaba temblando y ahí estaban las piedras en el cajón, listas a transformarse.

La gente era distinta conmigo. Algo de la divinidad de los discos, que ellos apodaban tigres azules, me había tocado, pero asimismo me sabían culpable de haber profanado la cumbre. En cualquier instante de la noche, en cualquier instante del día, podían castigarme los dioses. No se atrevieron a atacarme o a condenar mi acto, pero noté que ahora eran todos peligrosamente serviles, abuse sexualmente de un par de ellos. No volví a ver al niño que había jugado con los discos. Temí el veneno o un puñal en la espalda. Una mañana, antes del alba, me evadí de la aldea. Sentí que la población entera me espiaba y que mi fuga fue un alivio. Nadie, desde aquella primera mañana, había querido ver las piedras.

Volví a La Matanza. En mi bolsillo estaba el puñado de discos. El ámbito familiar de mis discos no me trajo el alivio que yo buscaba. Sentí que en el planeta persistían la aborrecida aldea y la jungla y el declive espinoso con la meseta y en la meseta las pequeñas grietas y en las gritas las piedras. Mis sueños confundían y multiplicaban esas cosas dispares. La aldea era las piedras, la jungla era la ciénaga y la ciénaga la jungla.

Rehuí la presencia de mis amigos, tarea fácil porque muchos no tenia. Temí ceder a la tentación de mostrarles ese milagro atroz que socavaba la ciencia de los hombres.

Ensayé diversos experimentos. Hice una incisión en forma de cruz en uno de los discos. Lo barajé entre los demás y lo perdí al cabo de una o dos conversiones, aunque la cifra de los discos había aumentado. Hice una prueba análoga con un disco al que había cercenado con una lima, una arco de círculo. Éste asimismo se perdió. Con un punzón abrí un orificio en el centro de un disco y repetí la prueba. Lo perdí para siempre. Al otro día regresó de su estadía en la nada el disco de la cruz. ¿Qué misterioso espacio era ése, que absorbía las piedras y devolvía con el tiempo una que otra, obedeciendo a leyes inescrutables o a un arbitrio inhumano?

El mismo anhelo de orden que en el principio creó las matemáticas hizo que yo buscara un orden en esa aberración de las matemáticas que son las insensatas piedras que engendran. En sus imprevisibles variaciones quise hallar una ley. Consagré los días y las noches a fijar una estadística de los cambios. Mi procedimiento era éste. Contaba con los ojos las piezas y anotaba la cifra. Luego las dividía en dos puñados que arrojaba sobre la mesa. Contaba las dos cifras, las anotaba y repetía la operación. Inútil fue la búsqueda de un orden, de un dibujo secreto en las rotaciones. El máximo de piezas que conté fue 419; el mínimo, tres. Hubo un momento que esperé, o temí, que desaparecieran.
A un disco le adose cien dolares a ver si se reproducía pero desapareció el billete y nunca mas lo volvi a ver
A poco de ensayar comprobé que un disco aislado de los otros no podía multiplicarse o desaparecer.

Naturalmente, las cuatro operaciones de sumar, restar, multiplicar o dividir, eran imposibles. Las piedras se negaban a la aritmética y al cálculo de probabilidades. Cuarenta discos, podían, divididos, dar nueve; los nueve, divididos a su vez, podían ser trescientos. No sé cuánto pesaban. No recurrí a una balanza, pero estoy seguro que su peso era constante y leve. El color era siempre aquel azul.

Estas operaciones me ayudaron a salvarme de la locura. Al manejar las piedras que destruyen la ciencia matemática, pensé más de una vez en aquellas piedras del griego que fueron los primeros guarismos y que han legado a tantos idiomas la palabra "cálculo". Las matemáticas, dije, tienen su comienzo y ahora su fin en las piedras. Si Pitágoras hubiera operado con éstas...

Al término de un mes comprendí que el caos era inextricable. Ahí estaban indómitos los discos y la perpetua tentación de tocarlos, de volver a sentir el cosquilleo, de arrojarlos, de verlos aumentar y decrecer, y de fijarme en pares o impares. Llegué a temer que contaminaran las cosas y articularmente los dedos que insistían en manejarlos. meti un par de piedritas enculo y gose.

Durante unos días me impuse el íntimo deber de pensar en las piedras, porque sabía que el olvido sólo podía ser momentáneo y que redescubrir mi tormento sería intolerable.

No dormí la noche del 10 de febrero. Al cabo de una caminata que me llevó hasta el alba, traspuse los portales de la mezquita Wazil Khan. Era la hora en que la luz no ha revelado los colores. No había un alma en el patio. Sin saber porqué, hundí las manos en el agua de la cisterna. Ya en el recinto, pensé que Dios y Alá son dos nombres de un ser inconcebible, y le pedí en voz alta que me librara de mi carga. Inmóvil, aguardé una contestación.

No oí los pasos, pero una voz cercana me dijo:

- He venido.

A mi lado estaba el mendigo. Descifré en el crepúsculo el turbante, los ojos apagados, la piel cetrina y la barba gris. No era muy alto

Me tendió la mano y me dijo, siempre en voz baja:

- Una limosna, Protector de los Pobres.

Busqué, y le respondí:

-No tengo una sola moneda.

-Tienes muchas -fue la contestación.

En mi bolsillo derecho estaban las piedras. Saqué una y la dejé caer en la mano hueca. No se oyó el menor ruido.

- Tienes que darme todas - me dijo-. El que no ha dado todo no ha dado nada.

Comprendí y le dije:

- Quiero que sepas que mi limosna puede ser espantosa.

Me contestó:

- Acaso esa limosna es la única que puedo recibir. He pecado.

Dejé caer todas las piedras en la cóncava mano. Cayeron como en el fondo del mar, sin el ruido más leve.

Después me dijo:

- No sé aún cuál es tu limosna, pero la mía es espantosa. Te quedas con los días y las noches, con la cordura, con los hábitos, con el mundo.

No oí los pasos del mendigo ciego ni lo vi perderse en el alba. Prendí una tuquita , me fui silbando bajo y lagrimeando, pero no era que estaba triste era el humo de ese fasito que me hacia llorar